Claro, muy a la criolla, en Constanza, aparte de sembrar papa y hortalizas, hacen televisión. En la provincia Duarte, aparte de plantar arroz, cacao y alimentar el decoro, su población sigue los programas proyectados a través de canales del circuito Telenord. En Montecristi, la ciudad de calles solitarias donde habita El Morro o “dromedario dormido”, el suceso cotidiano, diretes políticos, talentos y tragedias se ventilan a través de la estación Montecristi Cable Visión.La televisión regional ha florecido como los flamboyanes de junio. Impulsada por sistemas de cable, la dinámica televisiva se propagó en las catorce provincias del Cibao, donde Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) tiene un registro de 98 sistemas de difusión por cable, de los cuales 38 operan aquí. De éstos, algunos poseen dos y hasta tres canales de televisión. Si, hasta en Guananico hay escenografía y “switcher” de televisión.
La proliferación trajo de todo, desde el doloroso “enganche“ de gente sin pizca de formación ni noción de la responsabilidad comunicacional hasta el deleite morboso de la crónica roja en pantalla.
La crudeza de la sangre se consume como café con pan. Por fortuna, existe un reducido grupo con criterio que presenta lo mejor de si, a beneficio de la población.
Santiago, por tener varios canales de carácter nacional y diez empresas de su tipo, merece y tendrá un capítulo aparte. La Vega es la ciudad que más se ha desarrollado en materia electrónica.
El grupo Medrano tiene el Telecable Central, con 106 canales donde invirtieron 350 millones de pesos; Microvisión Canal 10 y veintidós emisoras bajo la sombrilla dirigida por la descendencia (Indhira, Rosa Olga y Juan Heriberto) del extinto radiofusor Juan Heriberto –Cuqui- Medrano Basora. Allí también se ve Vegateve.
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