sábado, 22 de noviembre de 2008

Los caprichos de ricos, guardias y policías

TRINCHERA....Listin Diario...Por: Victor Mañana.

Le decía a alguien, hace cosa de una semana, que en esta sociedad los periodistas tenemos que resignarnos muchas veces a los caprichos de los ricos, de los guardias y de los policías. Lógicamente, cuando utilizamos el mote de “guardia” y de “policía”, no nos referimos a los de a pie, a los sin rango, sino a los de arriba, a los generales que muchas veces se hacen amigos, no de la persona, sino del comunicador que puede ponerlos a “sonar” a cambio de una “amistad” que en verdad resulta ser pasajera y circunstancial. Con los ricos, ocurre algo parecido. El rico llega a “cogerle” cariño al periodista, hasta le brinda confianza y le agrada con uno u otro regalito de ocasión. Pero, hey, que nadie se encariñe ni se acostumbre, que todo será pasajero como discurren los tenues hilos de la noche que se desplaza montada en un rayito de luz crepuscular

Y es que como dice el pueblo, “los cuartos buscan los cuartos” y lo demás es cosa minuta. Por eso, en los casi 30 años de experiencia como reportero he descubierto que en este oficio no se puede uno encariñar con nada ni con nadie y que lo más importante es forjarse sobre la base de la autosufiencia, la eficiencia profesional y el afán por ganarse el respeto de todos, incluso, de los enemigos gratuitos que van quedando en el camino que por lo regular son fortuitos y que surgen como fruto de los logros o éxitos que se puedan cosechar debido al trabajo duro, responsable y sin ataduras.
Recientemente, visité un amigo rico, a quien le debo gratitud mientras vida tenga, pero, ese amigo rico, a los nueve minutos de aquella conversación lograda luego de mucho afanar para una cita y poder verle, llegó a su fin cuando éste, como rico al fin, consideró que había sido demasiado el tiempo otorgado a un don nadie, que aún siendo dizque su amigo, en realidad nada le aportaba ni le aportará en materia de beneficios para sus negocios o empresas. Así es la vida, mi hermano, lo mismo ocurre con algunos generales o jefes dentro de las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional, que serán amigos en la misma proporción en que uno les sea útil, aún sea para solo atinar a propagar entre líneas o electrónicamente la consabida frase aquella: “Corroboro, corroboro, ¡Sí, señor!

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